miércoles, 22 de junio de 2011

rehusando mi misión

El otro día un señor dijo: los cuatro momentos más felices de la mujer son:
sus quince años, su boda, ser madre y ser viuda.
Con un estándar así, ¿qué más?
no todas queremos chambelán en smoking tono pastel, ni nos emociona la víbora de la mar a jalones y menos tener chiquillos gritones y fregones
en un esfuerzo, hornee galletas
plastas sin forma, pegajosas, semi circulares
batiendo la mezcla sin lágrimas
no es mi destino, no es mi vida esto
¿por qué no salen como en la revista?
esa harina parece cocaína, bueno, no
¿cuántas tazas de qué? ¿O cómo?
No entiendo estas instrucciones, ¿cómo qué una pizca, qué tanteo, cómo, cernir qué?
¿El horno?, creo que es la casa de los tuppers
a ver si no mando a volar todo ahorita y la casa también
Así en el horno metió la cabeza hasta el fondo y se quedó dormida Sylvia Plath,
si no sale pronto esto, me veo tentada a meterla también
después de varias mentadas de madre y dos quemadas en el fogón
salen unas cuantas masas circulares muy feas pero con un suculento sabor a canela

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