martes, 30 de agosto de 2011

recuerdos de un sueño lobezno



Tan solo somos las memorias de un viejo lobo. Aquí viniste en busca de una aventura. Pero me encontraste a mí, la aventura parece una mofa a mi lado. Pero nunca te vi, porque brotaste de la nada, de un claro azulísimo e incierto. La casualidad de mi vida, la entera coincidencia incidentalmente trazada por astros borrachos. Ahora soy mayor que tú pero no siempre lo fui. Aun tienes ojos de lobo y mi fiereza no ha cambiado la vida que hemos llevado no ha logrado sacar el can que llevamos dentro. El canto de la sangre nos sigue excitando, la muerte en las garras y el amanecer por excusa.
El invierno serpentea en tus manos y cuando cantas ya no retumban las piedras de frio. El recuento de daños no ha comenzado. No entiendo tu llamado hemos dejado de ser iguales, hemos dejado de conocernos. Hoy todo es como nuevo, pero miras dentro de mis ojos y te hundes en un mar de angustia inextinguible. El mal no se va, lo que buscas está dentro de mí y lo que yo perdí te pertenece ahora.

En otra vida, en otra canción nos topamos y fuimos radiantes. Hoy karma de los karmas estás tan lejos. No te digo nada, tú no dices más. El humo se eleva, no puedo aullar yo no sé si tu lloras o te ríes o comes o tomas o follas o caes o vives o mueres. Tengo un beso que se me quema en la boca y arde con el aire que le pega. Pero pronto mis besuqueos se quieren transformar en mordidas. Tú volviste pero fue como un sueño de fiebre un despertar que no acaba, una muerte que es mientras tú eres. Yo soy tu hambre, la que te mantiene despierto por las noches, esa que jamás vas a poder saciar. El corazón de un lobo es difícil de sublimar. La mente que te piensa se retuerce y tortura mi lengua, ya no quiero hablar, ya no quiero decir nada más. Tan solo somos las memorias de un viejo lobo. En otra vida, fuimos uno. Lideramos una manada de furiosos carniceros y dejamos un rastro de lágrimas detrás

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