lunes, 12 de septiembre de 2011

rebeca


















Te quedaste resonando sola ni risas ni lágrimas, tan sólo lamentos tenues en la fosa de la penumbra.
El corazón en la garganta te hace cosquillas ya no puedes toser y esperas que alguien te aviente una roca para poderla devolver.
Pero igual sales pero ella ya no está más.
En ese hoyo de tinieblas ahora encontrarás tu hogar.
Ni todos los poltergeists del mundo te lo devolverán.







Un desliz en la oscuridad donde tiernos gritos te llaman,
se te va un ojo para un lado en esta natividad de temor.
Escuchas silenciosamente como si estuvieras muerto y te respiran encima,
te roban la actitud luego te tienden la mano pero no es para ayudarte y miras esa cara,
ese nido de gusanos te aclama pero tu eco se vuelve pus en tu garganta





Antes, cuando estuve joven flotaba y me podía elevar a voluntad ahora que ya no estoy joven siento que más bien caigo mi cuerpo se transformó pero mi entraña grita de la misma manera en que lo hizo al abrir mi pulmón. Si soy lo que soy o soy lo que fui porque se cae seguido en la vida y a gran velocidad muchas se cae de cara y resuena en los labios lo que por dentro de hace daño el silencio me destruye y se refleja en tu tráquea se estanca tu lengua ese grito que sonó tan fuerte, más que la nada pero que nunca emitiste. En tu cuerpo se conservan las mareas de la propia insipidez de tu alma y tu corazón se te pudrió por una buena intención y de nuevo valió madre.

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