lunes, 31 de octubre de 2011

escrito el 6 de agosto de 2011

en tus palabras huecas me cala la frialdad, esta frialdad que por fin me ha puesto en mi lugar .
lo bueno no va reincidir

hay ecos que no resonaran pero que siguen siendo lo suficientemente densos para detonar una lluvía de hielos en pico

la comida no tiene sentido, es como echarla al vacío
tallas artisticamente mi tumba, en millones de pedacitos el dolor se siente más
¿qué estoy haciendo?

la última vez que te desafué pèrdí todas mis pestañas de tanto llorar
llevo 8 kilos menos y voy por más

anestesia emocional, mi falsa felicidad se ahogan y ni el rencor puede anidar en tanta destrucción
en mi cama duerme conmigo la muerte,  me trenza el cabello que a puñados se cae, cual soldado herido de muerte ya pero aferrado, esperando algo que nuna vendrá.

miércoles, 26 de octubre de 2011

elperro1


Te reconocí dentro de mis ojos.
¿Por qué no te había visto antes?
¿Para qué me has llamado? En el infierno no tenemos ganas de hablar.
Un soplo de aire te escolta el aliento hasta mis labios húmedos.



Deja de escribir cosas así. La gente habla y se va dar cuenta.
Que hablen que para eso somos quien somos. ¿O no?











Dejarme darte besos hasta que no tengas cara que dar.
O dámelos tú porque la cara para que la quiero sino para que a mordidas me la arranques.







Me llenas de rabia con tus dramas.
Tú de angustia con tus acciones.
Mi vida está en la música
la tuya en las imágenes en el proyectar

Si no querías saber la verdad, ¿por qué la demandaste?
mejor la mentira, yo tan agusto que vivía.

Aún no he encontrado lo que estoy buscando.
Y no eres tú. Porque si lo fueras algo sabría que hacer contigo.

Tus palabras me cortan la lengua en mil.
Mejor manco que sin saber de ti.
Esos besos eran falsos
esas palabras eran vacías
no sabes nada
no entiendes nada
Tan inmensamente popular
pero tan vacía
Tu talento por la borda borra el aire que corto con mis palabras soeces.
De nada te sirve soñar
si siempre despiertas a lo mismo. 













Te veo pronto. ¿En mis sueños?
Sí. Sólo así podremos ser brillantes.


















ELPERRO










Ya llegué chula. Si ya vi. Ella miró su copa medio vacía de Martini de manzana de más de cien pesos y deseo no haberla pedido. Pues vámonos pues al toquin madreado ese, ¿no? Y bajaron por un elevador hermoso de cristal desde donde se podía apreciar toda la ciudad y a su cabeza vinieron miles de imágenes de cómo le gustaría hacer el amor en un elevador. El hombre de cabello corto le miró las nalgas mientras se recargaba en el barandal del elevador y sonrió. Ni de pedo viejo. Se acordó de los besotes que se habían dado en la peda y se arrepintió cuando la miró lleno de apetito y ella sólo puso los ojos en blanco y trataba de quitarse al otro de la cabeza. El otro de cabello de perro. No sé ni porque me gusta, está bien pendejo y siempre se va. Al bajar del edificio fastuoso para el cual ninguno estaba debidamente ataviado, el hombre de cabello corto quiso agarrarle la mano y ella la movió rudamente. Ni lo pienses. Al llegar al lugar una chica la reconoció y la invitó a ir al baño con ella. Mira le dijo, estoy con tu amigo, sabes, pero tú amigo el de nariz grande, no es mi novio. Mi novio es dueño de un bar donde te vieron anoche besuqueándote con otro que no es con el pendejo con el que estás así que mejor mantenemos low profile aquí, ¿va? Yo ni te dije nada vieja arguendera. Y la chica se salió del baño atolondrada por aquella intervención de perra maldita. Llegó a sentarse y al ver a su izquierda otro nido de víboras chismosas que la desnudaron con la mirada, se estremeció. El de pelo corto le ofreció una cerveza pero ella no quiso ni mirarlo. Entró entonces a la sala el de pelo de perro. No sé ni porque me gusta, está bien pendejo, se repitió. El pelo de perro sólo fue bueno para darle un beso hediondo aguado y mal dado en la mejilla izquierda y para decirle perdón pero ando en chinga. El contacto de sus pieles le provocó escalofríos y su olor se había quedado fijo en su nariz.Se volvió a ir. Al terminar todo el espectáculo deprimente el de pelo corto se le quedaba mirando de nuevo y ella le dijo que ya no quería que la mirara que la hacía sentir incomoda como si fuera capaz de matarla. Pues a lo mejor eso es lo que quiero dentro de mi loco yo. Y voy a buscarte cuando estés no me veas y duermas y te acorralaré. Vete a la verga! El miedo la invadió pero su desesperación por unos lengüetazos fue más loca. Mira que no se qué quieres decir con eso. No me late para nada como me estás viendo ni como te andas poniendo. Y el pelo corto entrado en copas le dijo pues sí como viniste a ver a tu amiguito ladrar… además yo quiero algo chingón contigo, nada de babosadas de niñitos como en lo que andas, para que te diga otra cosa que no siento. Y ella enojada le dijo ni te me pongas de intenso cabrón y es más ya deja de hablarme que neta quiero q te largues de mi vista.  ¿Apoco ya así de huevos me corres? ¿No acabas de decir qué por mero te mato? Claro que sí y vete. Ella se volteó y se limitó a seguir con la mirada al perro aquél que sin dueño y con la mirada perdida la ignoró completamente. Pinche cabrón mamón. Y se levantó indignada. Seguramente ni le gustó y le valió madre todos los besos que nos dimos ayer, seguro que me ve como una más de esas que se truena antes de cada importante presentación. Eso me pasa por pendeja. Perro desgraciado. Pero no podía odiarlo, las escenas del elevador habían sido todas en su mente con él y eso  la molestaba aún más. Tener que enfocar todo su libido y deseo en un solo individuo que para acabarla de chingar parecía canino. Dos hombres que la miraban desde unos sillones altos la llamaron. El perro se aproximó y le tomó la mano pasándola a sus amigos. Cuídenmela que no se me vaya. Ahí vengo. Y nunca regresó. Ella se largó con los dos hombres y uno de ellos cargó su longchamp negra como si fuera una correa de castigo.

martes, 4 de octubre de 2011

martes muerte






Vamos a ir a tomar una cerveza en casa de un amigo mío y después puedo llevarte a donde están esperándote los tuyos.  Ella no sabía si estaba segura de lo que hacía pero el incentivo de la cerveza siempre había funcionado. Y aunque ya había tomado mucho, no pudo negarse por tratarse de su viejo amigo. Al entrar al apartamento se dio cuenta de que todos la miraban, no sabía si su atuendo había sido demasiado revelador. No lo había considerado revelador para el teatro o para lo que fuera porque todas tenemos el derecho a vestirnos como se nos dé la gana sin que nadie nos juzgue de putas, de callejeras o provocadoras.  Pero, ciertamente resultó indiscreto para un apartamento lleno de hombres tomando y jugando al póker, el peso cultural de la heteronormatividad le estaba calando.  El humo que se había encerrado en el lugar empezaba a picarle los ojos desde que entró en la habitación. Ella sabía que no era buena idea pero sin embargo entró y se sentó en un amplio sillón con las piernas apretadas y el cuerpo contraído. Le ofrecieron un vaso lleno de cerveza al cual no pudo negarse, y nadie sabe porqué. Se recargó en el sillón y su acompañante en ella y le tomo la cara entre las manos y quiso besarla pero ella volteó al otro lado y tomó su celular sin darle importancia. Lo cual molestó al acompañante misterioso. Las mujeres han dicho muchos, tienen un sexto sentido o lo que comúnmente se llama intuición. Si bien ella, pudo intuir que algo no estaba bien, fue precisamente en el momento que dejo su vaso vacío y miro a su alrededor que se percató al cien por ciento de lo que estaba pasando. Sus manos empezaron a temblar y todo a su alrededor se puso muy borroso y luego muy tenue. Fue entonces cuando se paró de golpe y rechinó el tacho en el piso sucio al momento que pisaba un cacahuate japonés. Me voy dijo, me voy porque te pedí que me llevaras a casa y te negaste. Quiso moverse y al volverse el dueño de la fiesta la tomo del hombro y la sentó al momento que quiso levantarse del todo. Tú te sientas y te quedas aquí quietecita chula. La dulzura de sus palabras solo le infundió más temor a la chica. Es que no quiero sentarme ni quedarme aquí quieta si aquí. Y se levantó pero el alto tacón le confundió a su cuerpo el paso que iba a dar y cayó hasta el suelo. Su bolsa se abrió y de la Céline salieron volando tarjetas, un perfume que se rompió en mil pedazos, unas llaves y papeles con poemas incompletos escritos. Cuando se levantó el anfitrión tomó el celular y le dijo este me lo quedó yo que ya nos tienes hasta la madre con este cabrón teléfono, ahora vas y te sientas dónde estabas. Ella se enfureció y le dijo al momento que retiraba su mano de su cintura, a mi no me tocas pendejo y cabrón. El hombre enfurecido ante este arranque de ira y la risa de los demás machos de la sala le dijo, pinche vieja majadera esta es mi casa y te vas ir y te vas a sentar allá donde te dije o igual allá dentro tengo muchas camas y puedes esperar a que nos aburramos. La cabeza se la había puesto pesada y su garganta la ardía de mil maneras diferentes. Sus labios temblaban y sabía que no iba a salirse de ahí. Ni por mucho que lo deseara. Se levantó tomó sus cosas y miró hacía la sala. Una jauría de hienas se vería más inofensiva.

El asco








Desde que te conocí tengo ganas de hacer cosas que antes no quería
quiero
               caminar descalza en viseras y sentir las tripas entre mis dedos y ver como se parten por encima de mis uñas pintadas de azul cobalto
               comer grasa frita y sentir como se desliza por mi garganta y me tapa las arterias, que me den arcadas y aguantarme las ganas de vomitar
                sentir la vida de alguien entre mis manos y saber que puedo extinguirla en cualquier momento que se me antoje y lo desee
                 besar a un extraño muy feo en la calle y morderlo en la cara hasta hacerlo sangrar a chorros y sonreírle después
                  tener sexo en una cloaca y aspirar en cada gemido el hedor intoxicante de las entrañas de esta ciudad transformada en monstro
                  tomar hasta vomitar y perder la conciencia en un mar de llanto y arrepentimiento matutino que me arderá dos meses después

                   gritar desnuda en el andén y poder admitir que hasta el chemo se me antojo.