martes, 4 de octubre de 2011

martes muerte






Vamos a ir a tomar una cerveza en casa de un amigo mío y después puedo llevarte a donde están esperándote los tuyos.  Ella no sabía si estaba segura de lo que hacía pero el incentivo de la cerveza siempre había funcionado. Y aunque ya había tomado mucho, no pudo negarse por tratarse de su viejo amigo. Al entrar al apartamento se dio cuenta de que todos la miraban, no sabía si su atuendo había sido demasiado revelador. No lo había considerado revelador para el teatro o para lo que fuera porque todas tenemos el derecho a vestirnos como se nos dé la gana sin que nadie nos juzgue de putas, de callejeras o provocadoras.  Pero, ciertamente resultó indiscreto para un apartamento lleno de hombres tomando y jugando al póker, el peso cultural de la heteronormatividad le estaba calando.  El humo que se había encerrado en el lugar empezaba a picarle los ojos desde que entró en la habitación. Ella sabía que no era buena idea pero sin embargo entró y se sentó en un amplio sillón con las piernas apretadas y el cuerpo contraído. Le ofrecieron un vaso lleno de cerveza al cual no pudo negarse, y nadie sabe porqué. Se recargó en el sillón y su acompañante en ella y le tomo la cara entre las manos y quiso besarla pero ella volteó al otro lado y tomó su celular sin darle importancia. Lo cual molestó al acompañante misterioso. Las mujeres han dicho muchos, tienen un sexto sentido o lo que comúnmente se llama intuición. Si bien ella, pudo intuir que algo no estaba bien, fue precisamente en el momento que dejo su vaso vacío y miro a su alrededor que se percató al cien por ciento de lo que estaba pasando. Sus manos empezaron a temblar y todo a su alrededor se puso muy borroso y luego muy tenue. Fue entonces cuando se paró de golpe y rechinó el tacho en el piso sucio al momento que pisaba un cacahuate japonés. Me voy dijo, me voy porque te pedí que me llevaras a casa y te negaste. Quiso moverse y al volverse el dueño de la fiesta la tomo del hombro y la sentó al momento que quiso levantarse del todo. Tú te sientas y te quedas aquí quietecita chula. La dulzura de sus palabras solo le infundió más temor a la chica. Es que no quiero sentarme ni quedarme aquí quieta si aquí. Y se levantó pero el alto tacón le confundió a su cuerpo el paso que iba a dar y cayó hasta el suelo. Su bolsa se abrió y de la Céline salieron volando tarjetas, un perfume que se rompió en mil pedazos, unas llaves y papeles con poemas incompletos escritos. Cuando se levantó el anfitrión tomó el celular y le dijo este me lo quedó yo que ya nos tienes hasta la madre con este cabrón teléfono, ahora vas y te sientas dónde estabas. Ella se enfureció y le dijo al momento que retiraba su mano de su cintura, a mi no me tocas pendejo y cabrón. El hombre enfurecido ante este arranque de ira y la risa de los demás machos de la sala le dijo, pinche vieja majadera esta es mi casa y te vas ir y te vas a sentar allá donde te dije o igual allá dentro tengo muchas camas y puedes esperar a que nos aburramos. La cabeza se la había puesto pesada y su garganta la ardía de mil maneras diferentes. Sus labios temblaban y sabía que no iba a salirse de ahí. Ni por mucho que lo deseara. Se levantó tomó sus cosas y miró hacía la sala. Una jauría de hienas se vería más inofensiva.

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