domingo, 8 de enero de 2012

fiesta gone wrong









Ella mira las cosas como si las cosas la miraran a ella. Espera junto a la pared de la ventana. Se golpea la cabeza una y otra vez con la mano derecha distribuyendo la sangre a los lados de su amplia frente. Ayer hubiera sido otra, ayer su vida tenía otro rumbo. ¿A dónde quería llegar así? Su fugaz y repentino éxito la había tomado por sorpresa. Se la vivía de fiesta en fiesta, de cama en cama, de avión en avión de porro en tacha, ácido y luego ansiolítico. Parecía que todo se había acomodado a que sus sentimientos sucumbieran finalmente a su realidad. El jamás iba a regresar y por lo pronto aunque eso estaba bien a veces sentía que lo extrañaba. Miró sus pies y vio que estaban llenos de lodo y sangre. Había corrido y corrido tan rápido como había podido pero no había sido suficiente. Abrazó sus piernas desnudas contra su pecho aun más desnudo y adolorido. Se asomó con cuidado hacía debajo de su cuerpo y descubrió miles micro cortaditas que rodeaban so cuerpo por doquier. Parecían hechas con papel. Las lágrimas rodaron por fin por sus mejillas como jugando competencias y se atascaban en su barbilla y luego se refugiaban en su tráquea en una mini laguna de sal. Nunca volveré a ver a mi familia. —pensó.
Un hombre gordo y chaparro con rasgos asiáticos entró y le gritó unas palabras en un idioma que no descendía de las lenguas romances. Le lanzó enseguida un vestido mini con muchos brillitos azules y unos tacones gastados muy grandes para sus pies. Ella se vistió de inmediato con el horrendo vestido y se recargo en la pared, el gordo la levantó de un golpe, la aventó por el suelo y no dejó de gritarle hasta que a empujones la aventó por un pasillo donde había cualquier cantidad de olores.  Gritos, lloriqueos y música electrónica. Basura por todo el piso, pareces sucias, calendarios con bebes en tacitas y alguna que otra colilla de cigarro. Al final se abrió una puerta y el gordo tomó a la chica de cabello y la lanzó a la calle. Era una calle llena de luces con muchos carros, ella hizo el intento de voltear a ver a su torturador y el sólo le dijo en un inglés agudo y mochado “welcome to Bangkok Bitch”.

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