lunes, 6 de febrero de 2012

la reina



Qué envidia siempre había sentido de una chica que era mi compañera en la escuela de monjas. Desde siempre. Cuando éramos chicas, siempre iba de vacaciones a estados unidos, siempre traía la ropa más nueva y los mejores cuadernos a la escuela. Tenía el cabello larguísimo y se lo peinaba en una trenza larga y suave, la piel blanca con pequeñas pecas que hacían resaltar sus ojos grandes verdes. Siempre le iba muy bien en la escuela, cuadro de honor, era porrista y conforme fuimos creciendo era la que tenía más pegue de todas. Los de la escuela de caballeros de al lado literalmente solo venían para verla cuando salíamos de la escuela. Estuvo claro que fue la primera en entrar a la universidad y la mejor en su clase, se graduó con honores y para acabarla de chingar se casó con el más guapo. El era súper bueno jugando futbol, presidente de su clase, altísimo, ojos grandísimos azules, el más popular y obviamente el mejor de su clase. Los dos de familias súper de abolengo, no podrían hacer mejor pareja un tornillo y una tuerca. No tardaron en casarse Barbie y Ken, les iba muy bien a los dos. Pero ella obviamente dejó su profesión y como buena esposa burguesa se dedicó de lleno a ir al spa y jugar cartas por las tardes con sus otras amigas desocupadas. Tuvieron unos hijos hermosos que al parecer eran igual de perfectos que ellos, campeones de tenis y de golf desde niños. Yo me casé casi al mismo tiempo que ella, y compartíamos clase en el psicoprofiláctico. Pero la verdad es que nunca fuimos muy cercanas, más allá del saludo, no compartíamos nada más que le mismo código postal y la cuadra. Resultó que éramos un poco vecinas, aunque mi casa no era de una manzana como la de ella. Y a decir verdad ella no tenía muchas amistades, pero era muy amable y siempre estaba sonriente, la gente la quería mucho. Pero poco a poco me fui enterando de la verdadera cara de la muñeca perfecta que yo conocía. Conforme pasaron los años, sus hijos perfectos crecieron, pero crecieron fuera de casa, porque los mandaron a estudiar fuera a un internado en Suiza. Ella se fue deteriorando poco a poco, casi no salía, siempre salía sola y misteriosamente, siempre fumando como si no hubiera mañana. Su cabello antes largo y abundante ahora estaba siempre en un chongo y su piel blanca se fue volviendo amarillenta. Decían las malas lenguas que debía mucho dinero porque apostataba todo, su papá desde niña siempre le regalaba dinero y lo malgastaba y apostaba siempre. El marido comenzó a ser mas ausente en esa casa y se comportaba muy raro. Un día que estaba supervisando a mi sirvienta barriendo la calle me la encontré platicando con el jardinero de Barbie y se callaron de inmediato a verme. La verdad es que yo nunca he sido prepotente con la ayuda, y me pareció muy extraño que se pusieran tan callados al verme. Le pregunté porque habían callado tan renuentemente al verme y el jardinero solo bajo la cabeza le levanté la cara y le pregunté qué había pasado y mi sirvienta me miró y sus ojos se llenaron de lágrimas. El jardinero me dijo que el señor se había vuelto loco la noche anterior y que había golpeado a la señora y que se la habían llevado de emergencia al hospital. La verdad es que no era secreto que el Ken la golpeaba. La verdad es que le metía sus buenas putizas seguido, pero nunca de este modo. El jardinero nos dijo que Ken había llegado muy borracho de su club de puros y que Barbie estaba sentada contando dinero y el la acusó de robarlo de la bóveda de la casa, ella, también un poco ebria lo desafió y el la agarró al golpes con el bastón para atizar leña de la chimenea del salón. Me dijo que le había desfigurado la cara a madrazos y que ella salió a pedir ayuda y se arrastro con las dos piernas rotas y los senos de fuera en la calle. Me señaló la entrada de la casa donde la sirvienta de ahí estaba limpiando efusivamente con una escoba y jabón. Me dijo que había charcos de sangre y rastros por toda la casa y que eso era lo que limpiaban. Yo me cubrí la boca con las manos y no podía creer lo que me decía. Pero, ¿qué pasó con ella? El ya no me pudo contestar y corrí con la doñita, (que había sido la nana de Barbie),  quien limpiaba el piso ensangrentado. ¡Doña! Pero, ¿cómo es posible? ¿Nadie llamó a la policía? ¿Dónde está la señora? Ella no respondió y solo miraba el piso que con el jabón mezclado con la sangre se veía ahora rosa. Me quedé parada ahí inmóvil sintiendo escalofríos de ver esa escena que tan tranquilamente solo limpiaba. Di unos pasos hacía la calle y me fui a mi casa. Para la tarde de ese día toda la cuadra sabía de lo sucedido, era el chisme  por mayor, y yo estaba desesperada por saber alguna noticia. No sabía si sería correcto llamar a sus hermanas o si de plano solo lo iba a empeorar. Estaba mirando la calle sola por la ventana de mi mezzanine y la casa parecía sola, el piso estaba bien fregado, ya no había rastros de sangre y en eso llamó mi atención el timbre de la puerta. Mandé a mi hija abrir la puerta pero como no me respondió fui yo. Era la doñita que barría la casa y me dijo que quería hablar conmigo.  La invité a pasar y platicamos mucho, me dijo que ella había sido la nana de la señora por años, y que ella sabía que era lo que había pasado en esa casa siempre. El señor era violento y se ponía borracho y celoso seguido la golpeaba, pero la señora quiso siempre guardar la apariencia y nunca reportó. Más que nada para evitar los chismes. Mi muchachita siempre la pasó mal. Yo le dije que no era cierto, que seguramente era lo primero malo que le pasaba en su vida. Que siempre había tenido la vida perfecta. Qué equivocada estás hija. Esa niña tan chula, siempre tuvo mala suerte con los hombres… La señora se acomodó el cabello con un pasador y me relató la triste historia de mi perfecta mujer. Su padre había abusado de ella, y por eso le daba tanto dinero, como si su culpabilidad tuviera precio y el marido quien había parecido un príncipe desde siempre física y emocional mente no era más que un inseguro hijo de puta que se dedicaba a meterle golpizas. Pero como eran ambos conocidos y queridos del jet set siempre se habían mantenido hasta cierto punto al margen. El señor ahora sí que no se midió. Quien sabe y como vaiga [sic] a quedar la señora después de esa golpiza. No se le veía forma en la cara y toda chueca. Sabe porque son ustedes los ricos tan raros. La doñita se fue de mi casa y me dejó con la piel de gallina. Una semana después volví a ver a la doñita y me dijo que la señora se había ido de vacaciones. Todos sabíamos que arreglarse la cara a estados unidos o recuperarse fuera de todos los reflectores del chisme local. Pasaron meses antes de  que la volviera a ver. La encontré entrando al teatro y sonriendo con una cara claramente operada que apenas reconocí del brazo del hombre que meses atrás casi la había matado. 

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