miércoles, 2 de mayo de 2012

ONS



No sé si fue el mezcal, la pinche soledad, mero aburrimiento o la tristeza. O igual y fue todo junto y nada al mismo tiempo. Ya me había cansado de echarme las noches enteras a empedarme y a oír y no necesariamente en ese orden a los Joseses, a José José, a José Alfredo Jiménez y para cerrar con broche de oro la depresión y lastima a mí misma, José Feliciano. El ruido no me dejaba oír nada, pero podía ver tu cara entre las muchas que se ponían enfrente de nosotros pasar. Hacía tiempo que te tenía ganas. Me sonreíste a lo lejos y me hiciste un gesto con la cabeza, como si muy altenerito me levantaste la quijada y sentí que me retabas. Obvio yo como siempre, me hice pendeja, no me quería sentir cobarde, tenías como un mes que me gustabas, ya más que me llamabas la atención, pero me gustabas normal como yo siempre digo. No me quitabas el sueño ni pensaba en ti, más bien me gustabas como “no me agüito si algo pasa”. Nada fuera de lo común, me gustabas como me gusta comerme un dulce de jamaica de vez en cuando, como me gusta tomar agua de horchata cuando no hay más. Tenía ya varias semanas que de plano sentía que me llevaba la chingada, todas las noches se me iban en llorar, a veces no dormía pensando en que tal vez por haber rechazado a un amor que más o menos la armaba, me iba a quedar sola para siempre, pero al mismo tiempo sin querer estar con nadie igual, por miedo, por hueva, por indiferencia… no supe ni bien porqué. El caso es que ese día me sentía especialmente vulnerable, el alcohol no es tu amigo jamás, el alcohol es como tú, cuando no hay más lo tomas, y cuando lo ves al día siguiente, te pones a darte de topes, porque la cagaste y no puedes revertir lo que pasó. De ti no me acuerdo con las canciones deprimentes de los pepes, ¿ni que fueras qué? Todos me lo dijeron, te vas arrepentir, te va doler, vas a sentirte mal luego. Pero, ¿qué tiene? Nunca lo había hecho, siempre había tenido ganas pero siempre había tenido mucho miedo, pero ese día, al borde del suicido, decidí tomar hasta la muerte o acostarme contigo que fue lo mismo. No sé ni cómo pero dejé que me besaras enfrente de todos, que me tomaras de la mano y que me llevaras con un vaso aun en la mano a tu casa, a echar pasión. Apenas podías manejar, yo no podía creer lo que estaba haciendo, me mirabas continuamente y me sonreías aunque yo no decía nada. No iba por gusto, sino por necesidad, yo tenía que probarme que no estaba muerta y tú me ibas a servir para ello. Yo creía que tú estabas consciente de esto. Entramos a tu casa a que estaba a obscuras, nos tambaleábamos, veníamos muy tomados. Falta y no se le pare al cabrón. Me sentía segura lo que iba a hacer, no sentía remordimientos, y la verdad que pasó por mi cabeza matarte, pero eso siempre lo pienso. Entonces ni me alarmé. Nos metimos a tu cuarto, sin hacer mucho ruido para no despertar a tu familia. Tu cuarto era como el de un adolescente, había colillas de cigarro por doquier, bolsas de mariguana y una pantalla gigante. Te sentaste en una silla y yo me quedé parada sin saber qué hacer, me harté, te tomé del cabello y te jalé a la cama, nos comenzamos a besar y eso estuvo muy bien, de una cosa a la otra empezamos a hacer a lo que íbamos. No te gustaban las mordidas y aunque me dejaste darte varias cachetadas no me desquite todo lo que pude. Casi me quedo dormida, tú estabas muy entrado y te creías el rey del sexo. Nunca me habían cogido tan mal. Me fui de tu casa asqueada, aburrida y sin ganas de vivir. Y para acabarla de chingar te enamoraste de mí, poemitas y la madre. Cuando te dije que le pararas, me hiciste un drama, que te use y que no sé qué más. Qué flojera, ahora tengo que huir si te veo, ignorarte si me hablas, esconderme si te veo en la calle. Guardé en mi Birkin las notitas que me diste cuando creía que valías la pena. Tal vez soy una perra, una descarada por no querer verte ni estar contigo porque no me diste lo que quería. Ahora estoy igual que como estaba antes, si bien no me violentaste, me destruiste por dentro, porque ahora gracias a ti me di cuenta que en verdad estoy muerta. Y que lo más cercano que tengo a sentir vida dentro de mí es oír a los tres pepes una y otra vez, chillando y botando mocos y sin saber bien porque demonios no te vas. 

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