miércoles, 9 de marzo de 2016

CEsar Franck

Siempre he sido una persona nostálgica. extraño personas que no conocí, me dan escalofríos cuentos que no me han pasado, siento un arraigo impresionante antes cosas que no tienen al parecer y de primera instancia, nada que ver conmigo. Me da una melancolía sin igual escuchar canciones de hace siglos, pisar lugares donde estuvieron personas a las que sólo conocí mediante la lectura o apreciación pictórica. Sin embargo, creo que, todo está conectado de algún modo. Anoche, estuve escuchando un concierto de piano y cello, todas las piezas me parecieron excepcionalmente bien ejecutadas y más importante aún, me lograron llegar hasta mis adentros. 

Todo el camino al teatro me sentía mareada, muy ansiosa y a expectativa, no tenía miedo sino angustia y eso me estaba comiendo por dentro. La pieza que mas sentí cerca de mi pensamiento, de mi entraña y de mi ser fue Sonata  en La Mayor para Cello y Piano de Cesar Franck. El chellista era joven y la pianista una señora de unos 70 y pico de años. Toda una eminencia en el mundo de la música clásica en Guadalajara. Me recordó inevitablemente a un personaje influyente y constante durante mi infancia temprana: la señora Tere. 

La señora Tere fue vecina de mis abuelos en los departamentos donde aún vive mi abuela. Era una señora muy linda, tanto físicamente con sus grandes ojos azules y su cardado rubio como en actitud. Digamos que ayer no fui en un plan muy en paz conmigo misma. Estoy pasando por una situación muy rara en mi vida. He hecho casi todo lo que he querido, he logrado todo lo que me he propuesto, he logrado cosas en mi vida que sólo parecían sueños. Sin embargo, me topo a menudo con el sentimiento de estar perdida.

De el concierto seguía uno a uno los movimientos me transportaban fuera de mi cuerpo y me observé como espectador. Como si fuera alguien que me viera a mí misma y que ahí estaba yo, con la mano engarrotada, con mis botas de piel negras, mi cabello peinado, mis labios rosas y con los ojos vidriosos porque de repente todo era una escena borrosa en mi mente. La señora Tere con sus manos largas y blancas, mi abuela materna a quién no había hecho relación pero en quién pensé dando vueltas a mí misma mientras me veía desde una externalidad que no había podido comprender antes. Mis primeros pasos que no recuerdo pero venían a mi mente, mis lágrimas por todo el dolor que he sentido, por sentirme una extraña por sentirme perdida y estúpida ante situaciones que sé que no voy a cambiar. poco a poco me fui percatando que mientras mas me internada en este frenesí de sentimientos, emociones y regresiones que quizás eran más de una memoria colectiva que de la mía, regresé a mi cuerpo terrenal y sentí que las lágrimas corrían por mi cara y sentí mi pulso, me sentí viva y las imágenes caleidoscópicas fueron difuminándose por los lados de mi cabeza. Regresó a mí el mareo de la vida, de la existencia de esta angustia incierta pero que a la vez me impulsa a no morir en la mediocridad a no ser uno mas que se echa a la fosa común. 


Dice Kierkegaard, que la ansiedad es una fuerza que puede ser un arma de doble filo, porque puede destruir pero también crear. La ansiedad produce un mareo pronunciado hacía la libertad que sabes que está pero al mismo tiempo tienes miedo de alcanzar. ¿Será que mi nostalgia me produce mareo? Mi ansiedad era la forma de mi cuerpo para despertarme para destacar que dentro de mi estrés por estar perdida por no saber donde estoy parada sigo siendo yo. La ventaja de seguir siendo uno mismo es un precio que se paga solo. 

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